sábado, mayo 01, 2010

El secreto de sus ojos

Todo lo que nos produce placer siempre nos sabe a breve. El platillo exquisito que se nos queda en la punta de la lengua, un buen libro al que sentimos que le faltan páginas , aquel polvo rico que quizas pudo durar algo más o esas películas que podríamos seguir mirando embelesados si durasen una hora más.Casi nunca reparamos en lo afortunados que hemos sido de tener algo valioso entre nuestras manos, siempre terminaremos pensando que se nos entregó poco.

Algo similar me sucedió luego de ver "El secreto de sus ojos". Hacía mucho tiempo que una película no me enganchaba de una manera tan especial, desde el inicio hasta los créditos finales.Una historia bastante simple ,con una línea argumental muy fácil de seguir a diferencia de los enrevesados y truculentos thrillers que más que suspenso provocan hastío. Nada de estridencias, tanto a nivel de performances actorales como de recursos técnicos , casi se podría decir que es una historia en sepia contada con un amable dejo porteño y acompañada de una música tan diletante como oportuna. Que es lo que la hace tan diferente del resto entonces?

Empecemos con la narración a dos tiempos, un gran acierto del director que entresaca con habilidad no solamente el presente con el pasado sino también las huellas que los distintos sucesos van marcando en el devenir de los protagonistas.Gracias al manejo de cámara y a las notables performances de Darin y Villamil podemos comprobar que el deseo,el miedo,la incertidumbre o el carácter permanecen incólumes a lo largo de la línea del tiempo.Nos cambia realmente nuestro paso por la vida? Seguimos deseando a los 45 lo que no pudimos conseguir a los 25? Cual es ese resorte que nos impulsa a abrazar aquello que desdeñamos tanto tiempo sin pensar en ninguna consecuencia? Y una vez que decidimos cambiar las cosas antes que se nos apague la luz...tendremos éxito en el intento? Quizás la frase final de la protagonista es el mejor pronóstico a todas estas interrogantes.

La química entre los actores es también formidable.Dos miradas que se cruzan pueden ser un detalle insulso o adquirir múltiples connotaciones como en el caso de la película.La mirada angelical de la joven asesinada, la torva expresión del asesino o la intensa comunicación sin palabras entre los protagonistas que denota una extraña mezcla de distancia, complicidad ,temores y pasión.Al menos dentro de la pantalla Darín y la Villamil han sido hechos el uno para el otro.Mención aparte para Francella y su registro dramático,sus desternillantes contestaciones telefónicas y la inolvidable escena del bar donde su famosa conclusión nos sirve de bitácora para tratar de entenderlo todo.La pasión, tan ausente en nuestras vidas debiendo estar tan cercana pues como decía Constantino es al final lo único que nos salva.

Habría que preguntarse entonces cual es la fórmula mágica que emplea JJ Campanella para construír a partir de una historia policial ambientada en una época sombría un relato con una línea narrativa impecable y un discurso en donde el leit motiv principal es no descansar hasta conseguir lo que uno se ha propuesto.Quizás la clave resida en la simpleza del discurso y en la autenticidad de los personajes,gente ordinaria y de existencia burocrática que sigue siendo creíble e íntegra en las circunstancias más extraordinarias.Lo más sorprendente en todo esto es que siendo una película tan argentina (con todas las connotaciones malas o buenas que esto conlleve)termine convocando alrededor suyo a tirios y troyanos en diversas latitudes. Asignatura pendiente para los realizadores peruanos que con escasísimas excepciones hacen películas demasiado localistas a las que nadie presta atención más allá de nuestro territorio.

Ha sido un verdadero acierto el reconocer con un Oscar esta película.Al margen de las consideraciones de la academia esta obra maestra merece un reconocimiento especial por hacernos despertar al hecho que ni el cine ni la vida tienen que ser lineales o previsibles cuando se afrontan con imaginación y pasión.Aunque el despertar sea tardío y el goce, como siempre, termine pareciendonos breve.

17-03-10